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Tuesday, January 8, 2013

Cartas a Clara - Juan Rulfo

Pero, tampoco, nunca, me perdonaré si yo me porto mal.
***
¡Los quiero tanto a todos! Que cualquier daño hecho, con mi nombre sea maldecido para siempre.


Es triste leer cartas de amor. Es aún peor leer las de alguien más, sobre todo cuando sabemos que el romance en cuestión terminó mal. En ese sentido, las Cartas a Clara de Juan Rulfo  es uno de los libros más tristes reseñados en este blog, junto con -curiosidades del destino- La correspondencia entre Benito Juárez y Margarita Maza, otro libro de epístolas amorosas.

Alrededor de la mitad del libro, una de las "recomendaciones para los lectores" que me vino a la mente fue no leer el libro de tirón: leer carta de amor tras carta de amor, siempre en los mismos términos, utilizando las mismas expresiones, y en el mismo tono, es ciertamente tedioso. Pero al terminar, me di cuenta que la recomendación es exactamente la contraria: hay que leer este libro de corrido. La razón es la siguiente: como si fuera una novela o una obra de narrativa, el final del libro rompe totalmente con la dinámica previa y nos revela una evolución por parte de los personajes -sobre todo de Rulfo.

(***lo que sigue es un spoiler del libro; si el lector realmente quiere leerlo, se recomienda no continuar***

De las 84 cartas que Rulfo le escribió a Clara Aparicio, 76 fueron redactadas antes de su boda.  Como ya mencioné, salvo algunos detalles curiosos, estas epístolas son muy similares entre sí. Casi se puede decir que uno lee una y es como si leyera todas. No obstante, desde el punto de vista literario y biográfico vale la pena recorrerlas todas porque se nota que Rulfo era un hombre auténticamente feliz cuando escribía, y sobre todo cuando recibía, las cartas de Clara Aparicio. Rulfo pasó la mayor parte de su vida deprimido. Él mismo lo dijo en varias ocasiones, y así lo testifican su alcoholismo (adicción que luego cambió por la Coca Cola, misma que luego volvió a cambiar por el alcohol de nueva cuenta) y la soledad en la que vivió toda su vida (¿cuántos genios literarios nos estaremos perdiendo por culpa del maldito psicoanálisis y la sobrevaloración de la felicidad que padece la cultura actual?). Quizá los únicos años relativamente felices de su vida fueron los 4 que pasó lejos de Clara, añorándola e idolatrándola como sólo puede hacerlo un auténtico enamorado a la distancia, pensando en el día de la boda, y en la sonrisa de la amada. 

Las otras 8 fueron escritas entre el regreso de la luna de miel y el nacimiento del segundo hijo de la pareja. Es esta la época en la que Rulfo trabajó como agente ambulante de ventas de neumáticos por todo México, tomando las fotos que tanto le gustaban a los gringos de la época y a los burgueses de La Condesa de hoy.  En una de sus cortas estancias en el D.F., Rulfo le hizo otro hijo a Clara, que decidió regresar a su natal Gudalajara para "aliviarse" allá. Casi inmediatamente después de la partida de Clara, Rulfo deja de viajar por cuestiones de trabajo...

En los días de las últimas 8 cartas, Rulfo todavía amaba a su mujer, no caía en las garras del alcoholismo, y estaba fascinado con su hijita, a la que veía poco.  Y sin embargo, el tono de las epístolas ya cambió. El hombre que escribe no es el de unos años atrás, que siempre caía en la cursilería y los recursos estilísticos simplones. Ahora predominan las quejas sobre los jefes, el trabajo, la falta de dinero (Rulfo le pedía prestado a la esposa para comprar rollos de fotografía...), la rutina, y cómo la casa poco a poco va cayendo en un estado de caos que, evidentemente, Clara debió limpiar al regresar de Guadalajara con dos hijos (Rulfo le haría dos más...).

Aunque haya miles de textos publicados sobre él (este es mi favorito), la realidad es que sabemos poco de la vida privada de Rulfo. Su amigo Juan Ascencio le hizo una biografía no autorizada en 2005 que no tuvo éxito comercial, en gran parte porque dejaba muy mal parada al propio Rulfo, a la familia y a la intelligentsia mexicana general (al que le interese, el libro se puede comprar por 80 euros en amazon.es).  Y, sin embargo, sí conocemos el epílogo al amor juvenil entre Juan y Clara: Juan escribió sus dos libros y se convirtió en Rulfo. Después se volvió alcohólico y se convirtió una ruina humana; Clara lo encerraba en la casa para que no saliera e iba a recogerlo a los bares.  

Rulfo era un hombre que amaba a su mujer. Y después la vida se interpuso. 

De Clara Aparicio sabemos aún menos. Las 84 cartas la pintan como un ser más allá de lo humano. La devoción que Rulfo sentía por ella era religiosa y no nos permite ver quién era ella realmente. Este libro nos dice mucho sobre él, pero casi nada sobre ella. Lo que sí sabemos es que, junto con los hijos, se peleó con Grupo Editorial Planeta y con la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para poder explotar al máximo el nombre (la marca) "Juan Rulfo". Los libros de Rulfo ahora los publica la poderosísima Editorial RM. No sé quién haya asesorado a la la familia Rulfo Aparicio ni si el análisis costo-beneficio que seguramente hicieron les resulte positivo a la larga. En términos literarios, a escritores con menos renombre, como Rafael Alberti por ejemplo, los líos entre herederos, o entre herederos y editoriales, les ha ocasionado caer en un olvido prematuro. No creo que sea el caso de Rulfo, al menos en los próximos 50 años, ya que todavía tiene buena prensa y seguidores en todo el mundo de habla hispana, pero uno nunca sabe. Si pudiera ver el futuro, compraría boletos de lotería más seguido.

***

Al preparar este post, encontré dos entrevistas a Juan Rulfo en youtube, mismas que se reproducen a continuación. Ambas entrevistas fueron hechas en España. Además de decirnos sobre Juan Rulfo lo más que pueden decir dos conversaciones con un hombre taciturno amante del silencio, estos dos videos también nos revelan mucho sobre la evolución de España, o al menos sobre los medios españoles. La primera entrevista fue hecha a fines de los 70s por Joaquín Soler Serrano en el programa A fondo. La segunda fue realizada por Mercedes Milà, 6 ó 7 años después. Soler era, en todo el sentido de la palabra, un caballero; Milà es, como dice uno de los comentaristas en youtube, una persona frívola (y estúpida añadiría yo). En la época de la entrevista de Soler, España quería descubrir el mundo tras 40 años de oscuridad franquista; era necesario volver a entrar en contacto con las antiguas colonias que, dicho sea de paso, eran de donde salían los mejores escritores de la época. En la época de Milà, España ya era más rico que las antiguas colonias (otra vez), empezaba a mirar al futuro europeo, y comenzaba a recibir inmigración de sudacas y moros. Me imagino que parte de ese cambio socioeconómico explica la diferencia en el trato a Juan Rulfo...




Saturday, October 16, 2010

La correspondencia entre Benito Juárez y Margarita Maza

 “(…) recógeme unos cepillitos de ropa que dejé en la mesa en que me afeitaba. Memorias a nuestros amigos y muchos abrazos a nuestros hijos. Soy tu esposo que te ama. Juárez.”
-Carta de Benito Juárez a Margarita Maza

No creo exagerar al decir que ningún mexicano puede imaginar a Benito Juárez sonriendo. La imagen que nos vendió el régimen de la Revolución Mexicana fue la de un personaje serio y adusto, casi pétreo. Presa de sus contradicciones -o quizá gracias a ellas- , la Revolución Mexicana creó imágenes de bronce de todo el panteón nacional: nuestros héroes no podían ser humanos porque eso hubiera implicado que se podían equivocar, lo cual implicaba que el régimen, heredero de los héroes, podía fallarle “al pueblo”, haciendo evidente la necesidad para la apertura democrática. En breve, mientras más broncíneos fueran nuestros héroes, mejor para el PRI.

Hay que reconocer también, no obstante, que el propio Juárez no contribuyó a dejarnos un recuerdo un poco más jovial de él: su austeridad y su levita proverbial simplemente no combinan con una sonrisa. Y la época histórica que le tocó vivir, que es, a fin de cuentas, por lo que lo recordamos, no contribuye a que veamos a Juárez como una persona de carne y hueso: el hombre huyó en una carroza negra (otra señal de austeridad y seriedad) resistiendo y llevando consigo el espíritu de la República. Una tarea tan titánica no permite concebir al personaje histórico como un ser humano. Nada más para darnos una idea de lo que representa Benito Juárez, vale la pena recordar que líderes políticos europeos que atravesaron por situaciones similares a la de México en el siglo XIX huyeron –la mayoría de ellos a Estados Unidos-, llevándose consigo su proyecto de nación (estoy pensando en los líderes polacos y húngaros de las revoluciones liberales de 1848). México es lo que es, en gran parte, porque Juárez no se fue por el camino fácil y se refugió en Estados Unidos, a pesar de que esa hubiera sido la “decisión racional”, si entendemos por racional la búsqueda del interés individual.

A nivel historiográfico, lo más cercano que tenemos a un “Juárez humano” es el titánico Juárez y su México de Ralph Roeder, pero incluso este libro es un panegírico más cercano a un monumento de bronce que a una pintura en claroscuro. Me han dicho que el libro de Armando Fuentes Aguirre es un buen intento por humanizar a Juárez (y también a Maximiliano), pero no lo he leído.

Sin embargo, Juárez fue un ser humano de carne y hueso, al igual que todas las personas que ahora están leyendo este blog.  En 2006, Patricia Galeana, financiada por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, publicó La correspondencia entre Benito Juárez y Margarita Maza, breve ejemplar que recoge varias epístolas entre la pareja cuando estuvieron separados, así como cartas que le mandaron a Juárez después de la muerte de Maza. En realidad, el libro es un extracto del Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia de Jorge L. Tamayo, publicado en 1972. Se puede leer el libro de Tamayo, pero es demasiado grande. Galeana simplemente le ahorra al lector horas de lectura.

Las cartas entre Juárez y Maza nos revelan varias cosas. Quizá lo que más impacta es el hecho de que Juárez era capaz de sentir amor (con todo lo que eso implica) y tener necesidades humanas. A mitad de la intervención francesa, Maza le pregunta a Juárez por su número de camisas porque él seguramente no se ha preocupado de eso. Él le responde que todo está bien. A través de las cartas, es posible también entrar en la intimidad de la pareja: Maza se dirige a Juárez utilizando la fórmula: “mi estimado Juárez” y él siempre se despide de ella por su apellido.

A pesar de que el libro contiene más cartas de Maza a Juárez que de Juárez a Maza, es posible ver el tono amoroso y caballeroso con el que él se dirige a ella, incluso en las horas más oscuras de la intervención francesa y en los momentos más duros que vivieron como pareja. Cuando estuvieron separados, murieron dos de sus hijos, tragedias que fueron consumiendo viva a Maza. A través de las cartas, es posible ver que Maza se mantuvo viva solamente para reencontrarse con Juárez y morir a su lado, como ocurrió pocos meses después de su reencuentro. En realidad, es una historia de amor bastante triste.

Juárez fue humano.

Fotografía: Juarez Circle en Washington, DC. El monumento es quizá el único en el que he visto a Juárez con una expresión relativamente dulce, aunque también pierde los rasgos indígenas. En cualquier caso, el monumento tiene una historia bastante interesante: obra de un escultor italiano, fue una donación del gobierno porfirista a Estados Unidos a inicios del siglo XX como muestra de la amistad entre los dos pueblos (curiosamente, el monumento no tiene el águila porfirista; ignoro por qué). La zona de la ciudad en la que ha estado desde entonces no fue importante sino hasta la inauguración del Kennedy Center. La estatua ahora está entre Watergate (uno de los edificios del complejo es el que sale a la derecha del monumento) y la Embajada de Arabia Saudita. A pesar de que ahora la ubicación del monumento es un punto de referencia, el monumento está en un olvido relativo, como atestigua el hecho de que la "l" de la palabra "El"esté chueca. No sé cuántas personas que pasen por ahí sepan quién es Benito Juárez…