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Sunday, March 20, 2011

Buena Vista Social Club - Wim Wenders

Although six of the original members of Buena Vista Social Club have died since the band’s Grammy winning album was recorded, the band still tours around the world. This has taken some critics to say that Buena Vista is a brand more than a band. In reality, Buena Vista Social Club was always a brand (actually Ry Cooder’s), which brought Cuban son to the United States and Europe. Cooder has found a market niche in World music: his most recent offspring is a fusion of Irish and Mexican traditional music.

In the case of Buena Vista, Cooder gathered all the musicians (some of them were famous before Buena Vista; others were not), did all the promotion, and eventually took Wim Wenders to film the documentary about the band’s members and their performances in Amsterdam and New York.

 After the album and the film, Cuba’s tourism industry grew exponentially and, from what I have heard, you can find 50,000 bands (probably 5,000,000) in the streets of La Havana who play the same songs as Buena Vista. In a way, Cooder and Wenders have done more for Cuba’s tourism industry than anything else.

Cooder and Wenders has been criticized for showing just a part of Cuban folklore, making the Batista years looking like a golden age, and for commercializing Cuban music and making money. Probably they are, indeed, evil people, but even if they are, I am still of the view that the World is better off after re-discovering Cuban music. Probably there are 5 thousands (or even billions) musicians as good as (or probably better than) Ibrahim Ferrer or Rubén González, but we would not ask ourselves these questions without Buena Vista.  Those who are interested in the answer will always be able to go to Cuba and figure it out.

With the exception of the scene where González is playing in a children gymnasium, Wender’s documentary is awful: the handy-cam that records the scenes in La Havana never stops moving and the voices of the band members when they tell their stories interfere with the music. I do not know how to solve that, I just know that I did not like it.

But anyway, here is the trailer:

Sunday, January 30, 2011

Memorias del subdesarrollo - Tomás Gutiérrez Alea

¿Yo era como él antes? Es posible. La revolución, aunque me destruya, es mi venganza contra la estúpida burguesía cubana, contra los cretinos como Pablo.
-Sergio Carmona Mendoyo (Sergio Corrieri)

Mal anda un régimen cuyas películas propagandísticas parecen, en retrospectiva, críticas despiadadas.

Me explico. Películas como El acorazado Potemkin o Alexander Nevsky, de Sergei Eisenstein, hacen que  los ideales soviéticos parezcan heroicos y dignos de ser perseguidos a pesar del tiempo y de la caída de la propia Unión Soviética. La propaganda soviética ha envejecido con gracia, en parte porque le vendía, primero a los rusos y luego a la humanidad entera, la idea de que existían ideales nobles y un futuro justo que trascendían la existencia individual y por los que valía la pena luchar.

Algo muy diferente ha pasado con la propaganda cubana, que lo único que le ha vendido al mundo desde que cayó la Unión Soviética es que la vida es resistencia, un eterno purgatorio. ¿Alguien se imagina un futuro mejor para Cuba que no sea la muerte de los Castro? (y lo de mejor depende de tantas condiciones que hay que tomarlo con asegunes). Acaso la mayor tragedia de Cuba sea que no ha podido encontrar ninguna épica que no sea la de sobrellevar el bloqueo.

Pero me estoy desviando. De lo que quería hablar es de Memorias del subdesarrollo, película cubana de 1968 que pretende fusionar el género documental con el género ficción. La película está fuertemente influenciada por la nouvelle vague francesa: sus silencios y minimalismo ambiental son más apropiados en una película de Godard que en el trópico. La película presenta cómo Sergio, un burgués que decide quedarse en Cuba mientras toda su familia y amigos se van a Miami, ve nacer un nuevo orden que no alcanza a entender. Sergio, entonces, se dedica a cortejar a su sirvienta y a dormir con Elena, una adolescente que a la postre le dará muchos dolores de cabeza. Sergio no es ni revolucionario ni contrarrevolucionario. Es, como le dijera Elena, nada.

Por lo general, los directores de películas de la nouvelle vague y sus imitadores latinoamericanos no son claros en cuanto a los mensajes que intentan transmitir (algo que presentan como signo de sofisticación y de lo que se enorgullecen, los muy cabrones), pero me imagino que, al presentar a Sergio como un abusador de mujeres débiles y frágiles, Memorias del subdesarrollo pretende hacer un símil con la situación de desventaja en la que se encuentran las naciones latinoamericanas frente al imperialismo. Además, al presentar al burgués como un ser tibio, que ni pincha ni corta, la película pretende mandar un mensaje claro sobre quiénes son las personas en las que puede confiar la revolución.

Pero esa es mi interpretación. Estoy seguro que algún crítico de cine marxista (enemigo de los poderosos) tendrá otra, mucho menos kapitalistas y con palabras más rebuscadas.

Lo más valioso de la película es el juego de cámaras y cortes, que llevan del tiempo presente a la mente de Sergio, sus divagaciones y sus recuerdos, así como a discursos del Comandante Fidel, o tomas de la televisión. La película es un poco lenta y sus silencios aumentan el torpor con que se desarrolla.


Políticamente, la película es triste, como todo lo que tenga que ver con Cuba que no sean putas, tabaco, o turismo para europeos y latinoamericanos pudientes. Y es que la realidad terminó desmintiendo a Memorias del subdesarrollo. La razón la tuvieron los que se fueron, la gente a la que Sergio tanto despreciaba y que tenían miedo de que Cuba se convirtiera en una nación tan pobre como Haití, como lo es ahora. Los que tuvieron razón fueron los que, como Pablo (el amigo burgués de Sergio que huyó a "la gusanera"), se fueron hartos a Miami porque en las gasolineras les decían que no tenían aceite para coche pero que igual se los podían checar. 

Lo más trágico de Memorias del subdesarrollo no es el proceso psicológico mediante el cual Sergio se convierte en una ruina física y mental tras ser un hombre atractivo, sino que, al tomar técnicas de documental "objetivo", le da voz a los críticos de la Revolución Cubana a los que pretende mostrar como traidores.

Memorias del subdesarrollo presentó a los burgueses como gusanos que huyen o son displicentes hace 40 años. Hoy parecen ser los únicos que tenían idea de qué estaba pasando en el país. Lástima que Fidel haya vivido más que ellos y hayan perdido la batalla de la historia.

Memorias del subdesarrollo está disponible gratis aquí.

Nota: hasta hace poco, cuando alguien decía que Cuba era un país pobre, la respuesta automática era (al menos en México) "que al menos ahí nadie se muere de hambre y la gente está educada y tiene acceso a la salud." Podría hacer ligas a cientos de artículos que muestran cómo los mitos de la educación y la salud cubana son sólo eso:mitos. Pero corro el riesgo de que se me tache de contrarrevolucionario. Lo que sí voy a decir  es que, en 2010, Cuba no fue incluída en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU porque su moneda no es convertible y por lo tanto no se puede medir qué tan bien vive un cubano (aquí está el reportaje de la BBC, herramienta del imperialismo, al respecto). En otras palabras, Cuba es un universo paralelo que no se puede comparar con el resto del mundo.