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Tuesday, January 28, 2014
Senderos de traición - Héroes del silencio
Senderos de traición contiene "Entre dos tierras" y "Maldito duende", dos de las canciones más conocidas de Héroes del Silencio, sobre todo la segunda. Fuera de eso, todas las canciones son muy genéricas y no aportan gran cosa hoy; al momento de ser publicado (1990), Senderos de traición marcó un parteaguas en la música en español: básicamente rompió la creencia de que sólo se puede hacer dark-rock en inglés.
Labels:
Enrique Bunbury,
Héroes del Silencio,
rock
Thursday, January 23, 2014
El espíritu del vino - Héroes del silencio
Los discos de Héroes del silencio no han envejecido bien. Por un lado, el gusto por la mezcla entre metal y dark que hacían estuvo en el mainstream por muy poquito tiempo. Todavía hay un nicho al que le gusta la música de bandas con beats acelerados, letras alucinantes, y un cantante con voz épica, pero por lo general la época de oro del género ya murió, al menos en los países de habla hispana.
Por otro lado, lo que ha hecho Enrique Bunbury en su carrera como solitario es tan diferente a lo que hacía con la banda, y tan de buena calidad, y tan atractivo para tantas audiencias tan diversas, que es fácil entender que la banda sea un pie de página en su historia personal. Salvo algunos nostálgicos, que nunca faltan, nadie extraña a los Héroes del silencio realmente.
Finalmente, los cambios que ha sufrido la industria musical en los últimos 30 años le quitan toda la actualidad a sus producciones musicales. En la época de los 140 caracteres y el flujo permanente de información, la tendencia va a ser cada vez más a los one-hit singers en detrimento de los artistas que dedican meses a hacer una grabación de calidad. En este rubro, El espíritu del vino sale particularmente mal parado: con sus 16 canciones y sus 71 minutos de duración, se ha convertido en un disco que nadie escucha o, en el mejor de los casos, en el repositorio de "La Sirena Varada", uno de los éxitos más grandes de la banda. De las otras 15 canciones, solamente los groupies nostálgicos que no tienen el cerebro destruido por las drogas y el alcohol tienen registro e idea, lo cual es bastante triste cuando uno piensa en el dinero y recursos que costó hacer el disco, por no hablar del esfuerzo, pasión, y dedicación que puso la banda al momento de hacerlo.
Con todos estos antecedentes, es difícil recomendar El espíritu del vino. Lo único que quizá pueda atraer a las audiencias modernas es su valor como documento de la historia del rock en español, pero fuera de eso no hay mucho más. Si alguien quiere explicar en la sección de comentarios por qué vale la pena escuchar este disco, bienvenido sea.
Labels:
Enrique Bunbury,
Héroes del Silencio,
rock
Saturday, June 22, 2013
Freak Show - Enrique Bunbury
Qué buenos son los discos de Bunbury en vivo.
Labels:
Enrique Bunbury,
Live,
rock
Tuesday, May 21, 2013
On the Rock - Andrés Calamaro
Dice el librito:
El estado de las canciones
[Por Rodrigo Fresán]
Andrés Calamaro hay uno solo. Y tal vez por eso hay varios Calamaros en Calamaro. El tiempo corre, los discos giran, y a mí siempre me pareció que el lado solista (pero siempre tan bien acompañado) de Calamaro podía dividirse en dos bandos nunca enfrentados, siempre complementarios, con los que el Dr. Calamaro y Mr. Calamaro coexisten sin molestarse y se dan la mano y la garra.
Por un lado, pienso, están los álbumes de género y/o sonido: Hotel Calamaro o el neón-analógico, Vida cruel o el new-romantic-noise en Palermo Calamaro, Alta suciedad o el urban-studio-de luxe, El salmón o el kurtz-sensorround, El cantante o el cover-discoverer, Tinta roja o el tango milenarista, y El palacio de las flores o el retro-futurismo memorioso. Y por el otro lado están los álbumes de letra y/o música: Por mirarte, Nadie sale vivo de aquí, Honestidad brutal, La lengua popular y, ahora, en la legalidad callejera y el huracanado deseo de On the Rock. Es decir: discos de Calamaro que tratan sobre el fino arte de diseccionar canciones. CSI Camalamaroland. La canción como cuerpo al que arrancarle no un cómo murió sino un cómo no morir nunca. La canción como aria y como especie -algo vegetal y animal y mineral- que desborda de variedades y variaciones. La canción como teoría y práctica. Canciones para mirar y para cerrar los ojos. Rock que no se derrite (¡Calamarrock!) porque lo suyo es la redonda eternidad del glaciar que se ríe del calentamiento global y no lo pasajero y cuadrado de un cubito de hielo. Y me pregunto si habrá alguien que sepa más del misterio que mueve y aquieta a las canciones de Calamaro. Y me respondo que no.
De pie sobre una roca, a la hora de escribir y describir canciones, Calamaro lleva desde hace años la voz cantante. Calamaro es el Señor de las Canciones.
Y vuelve a demostrarlo en On the Rock, donde la sofisticación hipnótica de "Todos se van" y "Los divinos" convive con el ladrido mordedor y canchero (de cancha y estadio) e himnótico (de himno, de himno nacional-universal) de "El perro" o las llamadas a la guerra de "El pasodoble de los amigos ausentes" y "Flor de samurai", sin por eso privarse de actuar como sentido médium de José Alfredo Jiménez en el standart para yeguas indomables "Te solté la rienda".
Desde el inicio opulento y ambarino y tropi-flamenco-stone de "Barcos" y "Te extraño", pasando por el lamento elegante-lizard de "Insoportablemente cruel", hasta el final con el Rodríguez-ismo redux de "Me envenenaste" y la urgencia crítica-crisis otra vez politizada de "Gomontonera", On the Rock es un/otro viaje.
Un nuevo ascenso al fondo de ese lugar en el que Calamaro levanta vuelo desde la amistad de los barcos, se sumerge desde la camaradería de los aviones, y sale a la superficie -nunca superficial, el cielo también tiene vinílicas tapas de alcantarilla- con ansia y elegancia y un flamante y flameante puñado de canciones profundas, inoxidables y blindadas. Todo junto ahora: el amor y el espanto, la cuerda floja y la soga al cuello, la enorme y breve distancia que apenas separa a un país bizcochuelo de un país gelatina.
Hoy es hoy, ayer fue hoy ayer, y todos se van, sí; pero -como una roca firme en un paisaje con demasiadas piedras que ruedan- Calamaro permanece.
El estado de las canciones
[Por Rodrigo Fresán]
Andrés Calamaro hay uno solo. Y tal vez por eso hay varios Calamaros en Calamaro. El tiempo corre, los discos giran, y a mí siempre me pareció que el lado solista (pero siempre tan bien acompañado) de Calamaro podía dividirse en dos bandos nunca enfrentados, siempre complementarios, con los que el Dr. Calamaro y Mr. Calamaro coexisten sin molestarse y se dan la mano y la garra.
Por un lado, pienso, están los álbumes de género y/o sonido: Hotel Calamaro o el neón-analógico, Vida cruel o el new-romantic-noise en Palermo Calamaro, Alta suciedad o el urban-studio-de luxe, El salmón o el kurtz-sensorround, El cantante o el cover-discoverer, Tinta roja o el tango milenarista, y El palacio de las flores o el retro-futurismo memorioso. Y por el otro lado están los álbumes de letra y/o música: Por mirarte, Nadie sale vivo de aquí, Honestidad brutal, La lengua popular y, ahora, en la legalidad callejera y el huracanado deseo de On the Rock. Es decir: discos de Calamaro que tratan sobre el fino arte de diseccionar canciones. CSI Camalamaroland. La canción como cuerpo al que arrancarle no un cómo murió sino un cómo no morir nunca. La canción como aria y como especie -algo vegetal y animal y mineral- que desborda de variedades y variaciones. La canción como teoría y práctica. Canciones para mirar y para cerrar los ojos. Rock que no se derrite (¡Calamarrock!) porque lo suyo es la redonda eternidad del glaciar que se ríe del calentamiento global y no lo pasajero y cuadrado de un cubito de hielo. Y me pregunto si habrá alguien que sepa más del misterio que mueve y aquieta a las canciones de Calamaro. Y me respondo que no.
De pie sobre una roca, a la hora de escribir y describir canciones, Calamaro lleva desde hace años la voz cantante. Calamaro es el Señor de las Canciones.
Y vuelve a demostrarlo en On the Rock, donde la sofisticación hipnótica de "Todos se van" y "Los divinos" convive con el ladrido mordedor y canchero (de cancha y estadio) e himnótico (de himno, de himno nacional-universal) de "El perro" o las llamadas a la guerra de "El pasodoble de los amigos ausentes" y "Flor de samurai", sin por eso privarse de actuar como sentido médium de José Alfredo Jiménez en el standart para yeguas indomables "Te solté la rienda".
Desde el inicio opulento y ambarino y tropi-flamenco-stone de "Barcos" y "Te extraño", pasando por el lamento elegante-lizard de "Insoportablemente cruel", hasta el final con el Rodríguez-ismo redux de "Me envenenaste" y la urgencia crítica-crisis otra vez politizada de "Gomontonera", On the Rock es un/otro viaje.
Un nuevo ascenso al fondo de ese lugar en el que Calamaro levanta vuelo desde la amistad de los barcos, se sumerge desde la camaradería de los aviones, y sale a la superficie -nunca superficial, el cielo también tiene vinílicas tapas de alcantarilla- con ansia y elegancia y un flamante y flameante puñado de canciones profundas, inoxidables y blindadas. Todo junto ahora: el amor y el espanto, la cuerda floja y la soga al cuello, la enorme y breve distancia que apenas separa a un país bizcochuelo de un país gelatina.
Hoy es hoy, ayer fue hoy ayer, y todos se van, sí; pero -como una roca firme en un paisaje con demasiadas piedras que ruedan- Calamaro permanece.
***
On the Rock es un gran homenaje a la idea de Iberoamérica: Bunbury, Cigala, Vicentico, Calle 13 (en Puerto Rico todavía se habla español), y otros se reúnen con Calamaro para interpretar desde rancheras hasta jazz. El disco contiene temas típicamente calamarianos y algunos experimentos que a algunos parecerán obras maestras y, a otros, fracasos absolutos.
La mejor canción es "Las tres Marías", con Vicentico.
Labels:
Andrés Calamaro,
Cigala,
Enrique Bunbury,
From the booklet,
Iberoamérica,
Pop,
rock
Saturday, February 23, 2013
Las consecuencias - Enrique Bunbury
"Intimista y sombrío", fueron los adjetivos con los que se describió a Las consecuencias cuando salió, en 2010. Estos son, ciertamente, adjetivos acertados, pero este disco también está permeado por un tono derrotista. Quizá la única canción más o menos optimista sea "El boxeador", pero ojo: esta canción puede ser la precuela de "No fue bueno pero fue lo mejor", sacada en el disco conjunto con Nacho Vegas.
Labels:
acústico,
Enrique Bunbury,
Pop,
rock
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