Saturday, October 16, 2010

La correspondencia entre Benito Juárez y Margarita Maza

 “(…) recógeme unos cepillitos de ropa que dejé en la mesa en que me afeitaba. Memorias a nuestros amigos y muchos abrazos a nuestros hijos. Soy tu esposo que te ama. Juárez.”
-Carta de Benito Juárez a Margarita Maza

No creo exagerar al decir que ningún mexicano puede imaginar a Benito Juárez sonriendo. La imagen que nos vendió el régimen de la Revolución Mexicana fue la de un personaje serio y adusto, casi pétreo. Presa de sus contradicciones -o quizá gracias a ellas- , la Revolución Mexicana creó imágenes de bronce de todo el panteón nacional: nuestros héroes no podían ser humanos porque eso hubiera implicado que se podían equivocar, lo cual implicaba que el régimen, heredero de los héroes, podía fallarle “al pueblo”, haciendo evidente la necesidad para la apertura democrática. En breve, mientras más broncíneos fueran nuestros héroes, mejor para el PRI.

Hay que reconocer también, no obstante, que el propio Juárez no contribuyó a dejarnos un recuerdo un poco más jovial de él: su austeridad y su levita proverbial simplemente no combinan con una sonrisa. Y la época histórica que le tocó vivir, que es, a fin de cuentas, por lo que lo recordamos, no contribuye a que veamos a Juárez como una persona de carne y hueso: el hombre huyó en una carroza negra (otra señal de austeridad y seriedad) resistiendo y llevando consigo el espíritu de la República. Una tarea tan titánica no permite concebir al personaje histórico como un ser humano. Nada más para darnos una idea de lo que representa Benito Juárez, vale la pena recordar que líderes políticos europeos que atravesaron por situaciones similares a la de México en el siglo XIX huyeron –la mayoría de ellos a Estados Unidos-, llevándose consigo su proyecto de nación (estoy pensando en los líderes polacos y húngaros de las revoluciones liberales de 1848). México es lo que es, en gran parte, porque Juárez no se fue por el camino fácil y se refugió en Estados Unidos, a pesar de que esa hubiera sido la “decisión racional”, si entendemos por racional la búsqueda del interés individual.

A nivel historiográfico, lo más cercano que tenemos a un “Juárez humano” es el titánico Juárez y su México de Ralph Roeder, pero incluso este libro es un panegírico más cercano a un monumento de bronce que a una pintura en claroscuro. Me han dicho que el libro de Armando Fuentes Aguirre es un buen intento por humanizar a Juárez (y también a Maximiliano), pero no lo he leído.

Sin embargo, Juárez fue un ser humano de carne y hueso, al igual que todas las personas que ahora están leyendo este blog.  En 2006, Patricia Galeana, financiada por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, publicó La correspondencia entre Benito Juárez y Margarita Maza, breve ejemplar que recoge varias epístolas entre la pareja cuando estuvieron separados, así como cartas que le mandaron a Juárez después de la muerte de Maza. En realidad, el libro es un extracto del Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia de Jorge L. Tamayo, publicado en 1972. Se puede leer el libro de Tamayo, pero es demasiado grande. Galeana simplemente le ahorra al lector horas de lectura.

Las cartas entre Juárez y Maza nos revelan varias cosas. Quizá lo que más impacta es el hecho de que Juárez era capaz de sentir amor (con todo lo que eso implica) y tener necesidades humanas. A mitad de la intervención francesa, Maza le pregunta a Juárez por su número de camisas porque él seguramente no se ha preocupado de eso. Él le responde que todo está bien. A través de las cartas, es posible también entrar en la intimidad de la pareja: Maza se dirige a Juárez utilizando la fórmula: “mi estimado Juárez” y él siempre se despide de ella por su apellido.

A pesar de que el libro contiene más cartas de Maza a Juárez que de Juárez a Maza, es posible ver el tono amoroso y caballeroso con el que él se dirige a ella, incluso en las horas más oscuras de la intervención francesa y en los momentos más duros que vivieron como pareja. Cuando estuvieron separados, murieron dos de sus hijos, tragedias que fueron consumiendo viva a Maza. A través de las cartas, es posible ver que Maza se mantuvo viva solamente para reencontrarse con Juárez y morir a su lado, como ocurrió pocos meses después de su reencuentro. En realidad, es una historia de amor bastante triste.

Juárez fue humano.

Fotografía: Juarez Circle en Washington, DC. El monumento es quizá el único en el que he visto a Juárez con una expresión relativamente dulce, aunque también pierde los rasgos indígenas. En cualquier caso, el monumento tiene una historia bastante interesante: obra de un escultor italiano, fue una donación del gobierno porfirista a Estados Unidos a inicios del siglo XX como muestra de la amistad entre los dos pueblos (curiosamente, el monumento no tiene el águila porfirista; ignoro por qué). La zona de la ciudad en la que ha estado desde entonces no fue importante sino hasta la inauguración del Kennedy Center. La estatua ahora está entre Watergate (uno de los edificios del complejo es el que sale a la derecha del monumento) y la Embajada de Arabia Saudita. A pesar de que ahora la ubicación del monumento es un punto de referencia, el monumento está en un olvido relativo, como atestigua el hecho de que la "l" de la palabra "El"esté chueca. No sé cuántas personas que pasen por ahí sepan quién es Benito Juárez…

1 comment:

  1. La mayoría de los indios que lograron algo en el XIX eran muy serios, ahí está el Nigromante y Altamirano. La verdad es que no tenían nada de qué alegrarse. Pero yo creo también que la seriedad era una manera de evitar el racismo, de tómarselo a la estoica. Se les fue el humor y ahora no tienen muchos motivos para retomarlo...

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